Las tres cartas (Segunda carta) La casita de Madera

Por: Rico Malvaez

Al despertar, esa fría mañana de invierno,

Junto a mi cama, un casita de madera,

Con ventanas y cortinitas rojas, con trépaños color miel

Y unas paredes lisas, con pequeños grabados de tenues líneas ondulares

Una puertita que no se movía, nunca se abría, y junto a la chimenea,

Una ranura para depositar dinero.

Una alcancía que papá había fabricado en Navidad,

Donde empecé a depositar monedas, unos pequeños regalos y sueños.

Entre esas monedas y curiosidades de niños, mi primer carrito ambulancia

Y mi inseparable “Anaximandro”.

Por las tardes la veía, como si él fuera a salir de ahí,

Y me invitara a conocer su mundo, conocer su interior: me hacía más pequeño,

Para poder entrar por esa puertita, que nunca se movía, que nunca se abría,

y recorrer con él, la casita de madera.

Me asomaba por sus ventanas de cortinas de color rojo a jugar con Anaximandro

Y él me veía sentado en un sillón, también de madera, también de color rojo.

De tanto ir y venir, cada tarde, aquella casita de madera

Se fue deteriorando y gastando con el tiempo,

Papá dejo de salir por esa puertita, que nunca se movía, que nunca se abría,

Y dejó de seguir mis juegos, dejó de seguir mis sueños.

Las ventanas empezaron a cambiar de color, las cortinas ya no eran rojas, ya se veían grises,

Los trépaños se quedaron sin su color miel,

Aquella paredes lisas, con pequeños grabados de tenues líneas ondulares, se llenaron de hoyos,

La chimenea se desprendió y aquella puer

tita que nunca se movía,… jamá se abrió

Con el tiempo me fui olvidando de la casita, hasta que me despedí de ella,

Una mañana se la llevaron dentro de una bolsa con artículos olvidados,

Mi carrito ambulancia y Anaximandro, mis inseparables amigos,

Se mudaron a una caja de zapatos, donde los veo de vez en cuanto,

¿Pero él…?

Ahora que he vuelto a soñar con la casita, lo veo asomarse dentro de ella.

Por esas ventanas de cortinas rojas, sólo me observa,

Ya no me invita a jugar dentro de ella.

Porque esa puertita de madera que nunca se movía, que jamás se abrió,

Ha quedado cerrada. No entraré de nuevo en ella,

Porque la llave… Él se la llevo.

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